En marco del aniversario, y del camino al bicentenario de la ciudad, la Corporación Cultural Municipal de Ovalle llevó a cabo la premiación de los ganadores del concurso literario “Ovalle en 195 palabras” en una actividad que contó con muestras expositivas de artes plásticas y música.
La actividad contó con las muestras artísticas de Angelica Riquelme y Pía Galleguillos, artistas de Alfarería y Vellón, respectivamente, junto con la exposición del concurso de pintura “Perla del Limarí selección 2025”.
Respecto a la premiación, el director ejecutivo de la Corporación Cultural Municipal de Ovalle, Ifman Huerta Saavedra, comentó acerca de la décima versión del concurso enmarcado en el camino al bicentenario de la ciudad.
“Es un orgullo para nosotros como Corporación el celebrar estos 195 años de Ovalle festejando nuestra identidad literaria, con estos relatos que plasman sueños y memorias. Felicitamos a los ganadores e invitamos a la comunidad a que disfrute de los relatos que serán publicados en nuestras plataformas”, aseguró.
Los autores galardonados en esta décima edición fueron, Sandra Pastenes con “195 pasos” quien se llevó el primer lugar, Karin Flores con “Mi gran viaje” para el segundo puesto y Jorge Luna con “De campo a ciudad” cerrando el podio.
A continuación los textos ganadores.
Primer Lugar: 195 PASOS – Sandra Pastenes
En Ovalle empecé a caminar contando mis pasos.
Uno, por los que estuvieron antes.
Dos, por los que levantaron esta ciudad con lo que tenían.
Tres, por todo lo que costó llegar hasta aquí.
Seguí.
A los veinte, ya no caminaba sola.
Sentía el peso de las historias, de las manos que trabajaron la tierra, de quienes no se
rindieron cuando todo era más difícil.
A los cincuenta, miré alrededor.
Y se notaba.
La ciudad no era la misma.
Había crecido.
Había cambiado.
No de un día para otro, sino con años de esfuerzo silencioso.
A los cien pasos entendí algo.
Nada de esto fue casualidad.
Cada avance, cada logro, cada intento, fue parte del camino.
Ciento treinta… ciento sesenta… ciento ochenta…
El pecho se me apretó.
No de cansancio.
De orgullo.
Cuando di el paso ciento noventa y cinco, me detuve.
Miré hacia atrás.
Entonces lo entendí.
El bicentenario no es solo lo que viene.
Es todo lo que ya fuimos capaces de construir.
Respiré hondo.
Y esta vez, sonreí.
Y supe que lo más importante no es haber llegado… es saber que aún nos queda tanto por
construir.
Segundo Lugar: MI GRAN VIAJE – Karin Flores Kalingshi
Antes de llegar aquí recorrí gran parte del mundo. Estamos a finales del siglo XIX; me recogió un ganadero australiano en una remota isla al sudeste del país continente; pasé por las islas de la Sonda, estuve en Java, Sumatra, Ceilán y la India, hice una parada también en África del Sur.
Mi encomendero se dirigía a las Islas Malvinas a entregar su valiosa carga de cabras lecheras y ovejas lanígeras. Por esas vicisitudes de la vida, llegué a Chile, pernoctando en muchas ciudades y para luego arribar a un pueblo llamado Cerrillos de Tamaya, hicimos una bella travesía en tren hasta llegar a un fundo cercano a la costa llamado el Tangue.
Mi custodio, el año 1900, me obsequió a un trabajador ovallino de la compañía ganadera llamado Romelio Cabeza. Él, con ahínco y preocupación, me cuidó hasta mis primeros tres años de vida, luego en un acto que recuerdo aún, me depositó junto a su pequeña hija, en la plaza de Armas, así como yo he crecido, he visto crecer a esta linda ciudad -“Mi nombre es Araucaria de Norfolk y ahora soy conocida como el pino de navidad más grande del mundo”.
Tercer Lugar: DE CAMPO A CIUDAD – Jorge Luna
Desde pequeño eh escuchado historias, de como antes todo era campo, tierra abierta, animales sin corral, cosechas, un puñado de casas hechas de adobe, un camino polvoriento y gente muy humilde diciendo ¡por aquí seguro va a crecer algo!.
Una villa entre cerros secos y sueños grandes, como quien siembra una semilla sin saber si mañana brotará. Tras un amanecer todo empezó a cambiar con la llegada de los mineros, comerciantes, sus carretas y con un fuerte silbido del tren, el valle entero despertó y supo que el mundo estaba más cerca.
Las tardes ya no eran solo de campo en silencio, eran de música, vecinos conversando y risas de niños jugando en la plaza.
Sin previo aviso ese rincón tranquilo del valle, se fue transformando lentamente de campo a ciudad. Una ciudad acelerada, con sus comercios, sus ferias, sus filas de gente, una cuidad que vibra y cautiva por sus colores, magia, humildad y por su belleza natural.
Pero si nos detenemos por un momento observando los cerros al atardecer, nos daremos cuenta que entre viento y polvo. Ovalle aun guarda las memorias del majestuoso campo que un día fue.
Además, se destacaron las menciones honrosas a Paula Nuñez con “Ciudad pequeña de corazón grande” y Rodrigo Palma con “El reloj marca las diez”.
Con esto la Corporación Cultural Municipal de Ovalle reafirma su compromiso de generar espacios para el desarrollo literario en la comuna, gracias al trabajo del eje de Desarrollo de Públicos.